domingo, 13 de febrero de 2011

Mona Lisa a los doce años



Fernando Botero
Medellín, 1932 - Actualidad


“Mona Lisa a los doce años”
1958
Óleo sobre lienzo










EL DESPERTAR DE UN NUEVO SENTIMIENTO


Por: Zulmery Flores Muñoz
Fernando Botero es un artista colombiano, nacido en Medellín (Antioquia), el 19 de abril de 1932. Es más conocido por el estilo de su pintura que surgió en la década de los 60 (en la que tomó como bases el Renacimiento, la pintura barroca y la tradición colonial de América Latina), llamado Boterismo (o Gordismo), que dentro del panorama artístico podría señalarse como expresionismo figurativo desproporcionado, una especie de eminente surrealismo. Dicha técnica la adquirió estudiando a sus grandes maestros, y luego, imprimiendo su propio sello en las obras, lo que le dio mucha fama y reconocimiento a nivel mundial.

Esta técnica es caracterizada por formas infladas, robustas, redondeadas, pintadas con una suave pincelada, casi invisible. Igualmente, las representaciones son exageradas, hasta alcanzar unas figuras humanas de tamaño excedido, las cuales tienen unas propiedades originales.

De otro lado, Fernando Botero ha elaborado incontables retratos de mujeres, en los que sus formas alcanzan grandes proporciones. Para el pintor: "la mujer es el tema más ortodoxo, más inmediato y más maravilloso que tiene la pintura en toda su historia".

Por ende, la obra escogida para analizar, es una pintura (óleo) llamada Mona Lisa a los doce años, pintada por el artista en 1958. Y en 1961, fue comprada por Dorothy Miller, del Museo de Arte Moderno de Nueva York. En ésta, Botero da un punto de vista irónico a su cuadro, inspirándose en el arte de Goya y Velázquez, entre otros.

Me complace esta pintura,  porque  es una obra muy sensual, en la que se resalta el volumen de la niña pintada. También, porque la imagen representada de La Mona Lisa, me transmite una profunda tranquilidad y una enorme ternura, vista en la expresión de los ojos fijos de la misma y la posición de su cuerpo, que refleja un estado despreocupado (posición de las manos).

Asimismo, a pesar de la voluptuosidad en el cuerpo de la figura, este contrasta con el rostro de la misma, que me muestra inocencia. En cuanto a los labios, éstos tienen el toque del artista y aunque no me parecen tan reales como en la obra original, la sonrisa de esta La Mona Lisa  me infunde astucia y pureza.

Del mismo modo, me gusta el paisaje que la circunda, el cual tiene una especie de montañas, ubicadas al parecer a lo lejano de la figura central del cuadro. Y el color verde vivo y brillante del fondo, me genera un horizonte de sueños, un sentimiento de relajación, de calma y paz interior, que equilibra interiormente, igual como se encuentra al parecer La Mona Lisa en la pintura.

Asimismo, el rostro de ella tiene cierta luz y las mejillas están  ruborizadas, lo que me produce confianza. Y es por eso que me gusta esta “versión” de  La Mona Lisa: tan pequeña, gordita y amable.

Por otro lado, no me gusta de la obra las tonalidades opacas mostradas en el vestido y el velo de ella, igual que el escaso brillo puesto en esos mismos elementos, formándome una idea de ausencia de vida, de dolor, de vacío. Y respecto al cuerpo de la niña, se opone a lo que manifiesta el rostro (mencionado anteriormente), ya que éste muestra que es de una mujer (por la forma de los senos) o alguien que está en la etapa de la adolescencia.

Ciertamente, Botero al hacer una representación de una obra creada con anterioridad (óleo de La Mona Lisa de Leonardo Da Vinci – 1503), pintó análogamente los matices de dichos elementos (vestido, velo), cambiando no obstante, el color del fondo del cuadro (citado antes) y dándole más brillo al rostro de La Mona Lisa. Así, el artista no la modifica desde el exterior, sino que la expande desde su intimidad, colocando cada componente de la obra en un nivel superior, para con esto, darles más fuerza.

Finalmente, a pesar de  lo exagerado de la fisionomía de esta Mona Lisa, que llega a ocupar todo el espacio del cuadro y que la distancian de la realidad (claro, sin alejarla completamente de ella), ella irradia belleza, simpatía y ternura. Creo que Fernando Botero acertó en pintar este personaje a la edad de doce años (la primera adolescencia), porque es una edad en la que está cobrando conciencia la apariencia,  hay temores que todavía no han muerto del todo y la vida emocional presenta frecuentes contrastes (como en la obra).

1 comentario:

  1. Lamento ser un agua fiestas con esta crítica superficial porque en verdad esa imagen no es la "Mona Lisa a los doce años" ni siquiera se parece a la del MAM de NY.

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