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jueves, 10 de febrero de 2011

Análisis de la quietud y el moviemiento en Manuel Hernández

Análisis de la quietud y el moviemiento en Manuel Hernández

Por: Jaime Alberto Báez Peñuela

El presente análisis se centrará en una de las obras de la sección “quietud-movimiento”, ubicada en la exposición del pinor abstracto Manuel Hernández en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Sus pinceladas nos revelan un remolino negro interrumpido únicamente por tres caminos amarillos y unas huellas azules que avanzan desde la parte inferior del cuadro.

El remolino negro es algo así como la vida del ser humano. En momentos oscura, en otros más clara, pero siempre incierta; en movimiento constante, en cambio, en construcción.

EL punto más claro del “remolino de la vida” es donde se ha pisado, por donde ha trasegado la persona.

En ocasiones la pincelada deja espacios entre el negro; espacios de luz, de claridad, de brillo, de reflexión. Claro está que siempre está ahí, siempre acompaña a la persona.

Los trazos amarillos, los caminos, son de diferentes tamaños: unos más largos que los otros; y es que no hay dos caminos iguales, al igual que no hay dos vidas iguales; cada persona traza su senda, cada huella es distinta, cada uno pisa donde quiera.

Estas huellas ya abandonan un camino, pero dos más se encuentran a la expectativa y entre ellos un gran vacío. ¿Para dónde vamos?, ¿qué nos deparará? serán quizá algunos de los interrogantes que nos quiere plantear el artista. Lo único seguro es que el camino no está hecho, que, como dice la canción, “se hace camino al andar”.

La vida es amplia, llena de maticez; siempre hay cosas por explorar, por investigar, siempre hay un nuevo andar, y tras ese andar otro más. Ahí va el hombre, ahí están sus huellas, sus pisadas. Aunque no sabe su destino, sigue adelante, sigue abriendo espacios; sólo la muerte le parará.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Horizontalidad

Artista: Manuel Hernández

Horizontalidad. Sin nombre

Exposición Museo de Artes Plásticas. Jorge Tadeo Lozano




La obra del pintor colombiano Manuel Hernández en la exposición del Museo de Artes Plásticas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano captura lo que podría llamarse una abstracción pura, que se vale de cuatro colores: el amarillo de fondo, nubes negras en el centro de la obra y unos toques de azul y rojo distanciados de sí, colores que interactúan para dar a conocer un contenido narrativo y simbólico para el artista y conforman una unidad abstracta y sin un inmediato significado para el receptor.

Son dibujos o trazos horizontales que poseen una textura incipiente, como si fuesen nubes que se disiparían al contacto con la piel. Sin embargo, y por el mismo referente nuboso, hace que dicha imagen sea inalcanzable, lejos de todo contacto humanamente posible.

Ahora bien, por el color negro utilizado y la intensidad en la pintura podría decirse que se habla de una temperatura fría como si fuese a llover en cualquier momento que, contrastada con el fondo amarillo, haría una contraposición de luz/oscuridad, frío/calor inevitable.

Por el hecho que “las nubes” se encuentren en la mitad y no tengan contacto alguno con los bordes de la hoja da una sensación de posición lejana, como si fuese una vista al horizonte bastante simétrica, dado por el ordenamiento de los elementos en la obra, y estática, como falto de movimiento.

Dichos trazos horizontales mencionados con anterioridad son de cierta manera interrumpidos por líneas y objetos simbólicos diagonales (al interior de las nubes) y verticales-tridimensionales (entre cada nube) que le da una sensación de profundidad a la unidad artística. Y, a su vez, superpuesto por fragmentos negro de una intensidad mayor en el medio de las nubes (a uno de los dos costados, con unos trazos que, de igual forma, proporcionan profundidad.

Por la ubicación de los fragmentos negros mencionados anteriormente, podría pensarse que la obra tiene un orden lógico que orienta la mirada de abajo hacia arriba, como si fuese un camino a recorrer o una distancia que escalar.

De esta manera, podría decirse que se va ascendiendo y tratando de escalar entre sentimientos nublados y oscuros, a pesar de que el día está claro y lleno de luz, el camino hacia arriba (teniendo en cuenta que el referente de dejar atrás un sentimiento negativo implica sobrepasar los obstáculos, subir una especie de escalera para lograr un objetivo) no se ve de forma positiva, si no por el contrario, lleno de pesimismo y vencimiento (dado por el constante color negro en la obra).


Por: Diana Díaz Rodríguez

Universidad de La Sabana